viernes, 15 de diciembre de 2017

EL LIBRO




Debajo de un árbol, a los pies de un acantilado.
El sol ondea las copas del infinito.

A los pies de un árbol por encima de un acantilado.
El viento calienta las raíces.

A los pies y debajo de un gran árbol.
Una niña.
Cara y gafas redondas. El pelo oscuro. Vestida de azul.

A los pies, una niña me coge de la mano y me sienta.
Por detrás del cristal, sus ojos abiertos, muy abiertos.
Parece que sonríen.
Asiente. Una, dos, tres veces.

Mi corazón baila dentro de mi pecho.
Y mis manos tiemblan como agujitas de coser.

A los pies del gran acantilado, la niña me entrega un libro.
Mis dedos lamen el cuero.
Mis ojos huelen el título:


Soy el árbol de mi vida.

lunes, 27 de noviembre de 2017

A VECES ME VEO




A veces siento que tengo un avispero en mi garganta. Y un zarpazo de oso en mi estómago. A veces siento punzadas de hormiguitas en mis pies. 
Ay, y jilgueros cantando en mis oídos. 
A veces me sorprendo hablándole a mis rodillas que crujen como chicharrones.
 A veces me siento y no me levanto.

A veces me miro y no me veo.

A veces mis uñas lloran desconsoladas. Y mis dientes escupen falsa ironías.

A veces. Esto es algunas veces. 

Otras veces mi ombligo ríe locamente. 
Y mis dedos tintinean de emoción. Hay  veces que mi pelo baila al son del viento y mis pechos recogen el sonido de la montaña. 
A veces mi nariz se contornea sensual y mis caderas huelen a felicidad.

Esto es lo que hay. A veces mi cuerpo me calla y otras, me ensordece.

Hay veces que mi cuerpo se expande y engrandece por dentro. 
Sí. 
Como un arcoíris en mi diafragma.

Esto es lo que hay.


Hay días que me miro y, sí.  Me veo.


domingo, 19 de noviembre de 2017

QUÉ FÁCIL



Qué fácil.
Qué fácil parece desde afuera.
Tan fluidamente, tan sencillo todo.

Qué fácil parece cuando no conoces las oscuras ramas de la indecisión.
Qué fácil cuando no tienes ni idea de la discapacidad del alma.

Qué fácil, sí.
Qué fácil cuando no sabes.

Cuando no conoces ni una ínfima parte de lo que se esconde tras la eterna sonrisa.
Tras los ojos que miran con brillantina.
Tras las manos de plastilina
que trabajan sin cesar.

Tras el pecho que esconde un corazón remendado.
 Parcheado. Descosido.

Qué fácil parece.

Sí, cuando ni siquiera te esfuerzas


por mirar. 


viernes, 17 de noviembre de 2017

CIERRA LOS OJOS




Hay veces que cierras los ojos y allí aparecen. Las imágenes. Lienzos de  futuro. De ese futuro que imaginas, del futuro que anhelas. 
Del futuro que pintas en tu mente. Con grandes brochas de los y si… o quisiera.. De los ay si solo pudiera… las fantasías de tu deseo más profundo… o de tu necesidad más profana. 

Y, en cerrando los ojos así, te vas. Pierdes y te pierdes por el trayecto onírico.  El camino de lo que aún no es. El camino de lo que quizás nunca sea. O quizás nunca sea como tú imaginas que será.

A veces cierras los ojos y ya están allí. Escenas del pasado. Escenas de una película que ya conoces. Escenas repetidas, escenas temidas, escenas vividas y disfrutadas. Escenas dolorosas…Escenas añoradas. 

Pero en cerrando los ojos hacia tu pasado, el recuerdo ya no es el mismo. No es el mismo que la realidad que experimentaste. Porque el recuerdo queda diluido en el río de la falsa memoria. Y el pasado nos atrapa. De nuevo.

Amigo, cierra los ojos y no hagas nada más. Tan solo eso: cierra los ojos. Siente. Respira. Vívete en tu negritud, en tu soledad, en tu sentirte al fin. 

Cierra los ojos y siente tus pies en el suelo. Siente el calor de tus párpados, el brillo de tus manos. El sabor de tu cabello y el aroma de tus lunares.

Amigo, cierra los ojos. Y ya.

Quizás, en cerrando los ojos así, puedas abrirlos con más claridad. Abrirlos a la bendición del arte. Abrirlos a la magnificencia del otro. Abrirlos a la grandeza del mundo.

Abrirlos a la generosidad …


…de dejarte en paz.



miércoles, 1 de noviembre de 2017

AHORA YA PUEDO MIRAR



Entra ahí.
Entra ahí y déjate sentir.
Déjate arrastrar por lo profundo.
Déjate caer en lo sensible de tu intimidad.

Métete en la emoción que te habla. Escucha lo que tiene para ti.
Escucha lo que tiene para ti.
A veces te susurra. A veces es grito ronco.

 ¿De qué te das cuenta, ahora? 
¿Alguna sombra se ha alumbrado?

Ay, la sombra. La sombra no la queremos ver.

La oscuridad que escondemos nos la escondemos.
Y la escondemos del mundo.
La escondemos al mundo.

Mostramos lo que queremos mostrar.
Y nos mostramos lo que queremos ver.


El y suma .
El y de ahora es fuerte y claro. Transparente.
El y que añade, el y que incluye.
El y que integra.

Gira tu mirada. Para  y escucha.

Yo también me paro y escucho.
Miro.

Me paro y da miedo.
A veces da miedo.
Mirar y escuchar a veces da miedo.

Me protegí para no ver.
Me protegí por no escuchar.
Y el proteger celoso ya no sirve.

Ahora me pongo de mi lado. Me dejo sentir.
Ahora me doy el permiso.
El permiso de acompañar. En el miedo y la ilusión.

Ahora voy y me agarro con fuerza y me acuno.
Me acuno. Me acuno.

 Me protegí para no ver.


Y ahora ya puedo mirar.


jueves, 14 de septiembre de 2017

MI PROPIA FAMILIA





Antes de saber que yo ya soy mi propia familia me tenía por parcial, imperfecta. Escasa. Incompleta. Me sabía la mitad de algo indecible. De algo fugaz, perecedero. Con el anhelo de buscar. El anhelo de encontrar. Sobre todo, el anhelo de encontrar. Una búsqueda ansiosa. Una búsqueda codiciosa. Insaciable. Tan cansada. Tan cansada. Tanto que ya no quise buscar más. Ni menos. Nada.

Curiosamente. Ay, curiosamente, hallé. Encontré dentro de mí. No fuera, como un manuscrito traspapelado. No. Encontré dentro de mí, de mis cajones más profundos, más recónditos. Encontré y entendí. Entendí que yo soy ya mi propia familia. Soy mi propio padre que me indica el camino. Me da fuerzas. Y me coloca en el mundo.

Yo ya soy mi propia familia. Soy también mi madre que me acoge. Me da cariño y ánimo cuando las fuerzas decaen. Me alimenta y da calor.

Yo soy mi propia familia. Soy también la niña que a veces remolonea. Patalea o se queja. Y la niña que juega, se emociona  y sorprende. Y abre los ojos ensimismada ante las maravillas del mundo.

Yo ya soy mi propia familia: me quiero, me acojo y me acompaño. No necesito libro de familia porque yo soy el libro. No necesito carnet de identidad, porque yo soy mi propia identidad. No necesito pasar diplomas ni certificados porque la vida es mi mayor carta de presentación. No necesito experimentos ni exámenes ni pruebas de verificación porque mi máxima verdad es descubrir que soy. Yo ya soy.

Soy mi gran pequeñez. Y  mi pequeña grandeza.

Comprenderlo me abre a la inmensidad del mundo, a todas sus posibilidades, a todas sus multiplicidades. Me abre la mente y el corazón. Me abre a la incertidumbre del ser y estar en este mundo. Y me abre a la fantástica, e incierta, posibilidad de encontrar a otras familias en el camino. De caminar juntas. De caminar al lado. Me abre a la eventualidad de escoger. Escoger lo que sí . Y escoger lo que no. Me abre y me mantiene a la vez firme. Firme sobre mis propios pies. Con el corazón tierno, las ideas claras y los pies fuertes. Ahora camino sabiendo que yo ya soy mi propia familia.