Mostrando entradas con la etiqueta POÉTICA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta POÉTICA. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de junio de 2023

CUATRO RETRATOS AL SON DE LAS CAMPANAS

 


Mi agradecimiento más sentido.


LAS MANOS DE C

Las manos de C. hablan con dulzura, sutileza. Ternura. Y sus palabras siguen ese ritmo corporal que perfilan su trabajo como una rúbrica antigua. Escucharlo es mirar sus manos también. Es sentir el aire que las envuelve, las vibraciones que conmueven, el vacío que nos toca el corazón. Unas manos generosas, que en su pequeña grandeza nos muestran el camino, sin caminarlo por ti. Las manos de C. no son grandes. Ni tampoco pequeñas. Son bellamente imperfectas. Sus dedos danzan al compás de una música inmemorial. Calurosas en momentos de recogimiento, decididas para dejar ir. O llegar. O parir.

Me gustan las manos de C.: hablan con dulzura de la gentileza del saberse Ser.

 

LA CURIOSIDAD

M. conserva la curiosidad del niño que sigue jugando.  Su talle robusto y los pies anclados en el barro le regalan una suerte de elegancia primaria que, a ratos, parece incomodarle. A veces se rasca el dedo meñique, y, otras, se palpa la cabeza rala mientras se sonríe a escondidas creyendo que no lo ven.  M. es grande. Muy grande. Su fortaleza surge de un lugar lejano donde el tiempo ya no es. Y pisa fuerte allá por donde pasa.  Su pisar, sin embargo, es también gozoso, flexible, curioso. Juguetón. Está en su mirar, ese recuerdo de la compasión universal.

 

LA POÉTICA DEL ESTAR

Revivir la experiencia del encuentro con la mujer de cuerpo grácil es como volver a casa tras unas largas vacaciones. Escucharla contar, y no hasta diez ni hasta mil, es perder la relevancia del tiempo. Sentirse bienvenida en la poética de un susurro, de una palabra justa. De un acuerdo tácito. Su sabor es poesía y su estar, una inspiración de la calma.

 

AFIRMACIÓN VITAL

Hay un algo que no sé lo que es pero que, si algo es, es un sí. Mirarla es valorar la belleza y la dulzura. La fuerza y la determinación. Prendarse del magnetismo de la luz de su mirada. La agilidad en su caminar y la certeza en sus palabras. Mirarla es apreciar la empatía de quien camina con tus zapatillas de estar por casa. Cercana, parecida en la humanidad del sostenerse sobre sus propios pies. Ella es un rotundo sí de la afirmación vital .

 



domingo, 9 de abril de 2023

DEJAR QUE EL RELOJ SUENE Y VIVIR



Una fotografía oculta entre las páginas de un libro.

Ver cómo un viejo persigue, encorvado, a un niño en su triciclo.

Tres galletas rancias en el cajón del pan.

Relamer la cucharilla del café tras remover la taza. Sin azúcar.

Una bandera deshilachada que hondea en el tejado.

Un gato escondido en el zarzal.

Migas en la almohada.

Una pelota extraviada en un árbol.

El mechero que no prende.

Un corazón bombea.

Una adolescente se muerde las uñas mientras espera en un banco.

Moscas en el salón.

Seis cojines en el sofá.

Ver cómo un globo de colores se eleva al cielo.

Perseguir la aurora boreal.

Dolerse.

Esperar que te llamen de repente.

Soñar.

Decir que no.

Mordisquear los tapones de los bolígrafos.

Dejar de comer pollo.

Abrir un clip.

Barrer las motas de polvo.

Leer y no entender.

Amar y no llorar.

Padecer la soledad de estar rodeado de gente.

Compilar agujas de coser, tapones de los oídos y suelas rotas.

Dejar que el tic tac suene.

Y

Vivir.

 


lunes, 19 de septiembre de 2022

HAY GENTE

 



Hay gente que llora y grita. Hay gente que ríe sin más. Los hay que, sin darse cuenta que detrás de la lágrima infinita, hay un manto de fuego. Los hay que se despiertan una mañana a la luz del sol y saludan a sus ojos en el espejo.

Los hay que caminan sin saber a dónde van.

Hay gente que retiene su miedo dentro. Muy adentro. Y de tanto esconderlo ya no se atreven ni a vivir.

Hay gentes que cantan, gentes que escriben, gentes que loan y gentes que no. Hay gente que pide y gente que exige.

Hay gente que da y no sabe querer.

Los hay que a veces aprenden a olvidarse de sí mismos y su amor ya no vale nada, porque dan lo que no tienen. Hay gente que pinta y gente que baila. Hay gente que se queda anclada en su tierra y no se atreven a volar. Y los hay que surfean, y saltan, y viajan. Por fuera. Y por dentro. Los hay que a veces se enojan y explotan. Hay gente caprichosa, gente voluble, sutil, gente voluminosa y gente transparente.

Los hay que a veces se esconden.

Hay gente incomprendida, hay gente perfecta, los hay perfeccionistas y divertidos. Perfeccionadores y temerosos. Hay gente que no. Y hay que gente que a veces.

Hay gente que sí. Siempre.

Hay gente inconstante y gente burlona. Borrosa, picajosa, rara y pegajosa. Hay gente que olvida y gente que perdona. Y hay gente que ni uno ni lo otro.

Hay gente que se rompe a pedazos y ya no se recompone y gente que se eleva, a la luz del ocaso. Hay gente de sangre y gente de barro.

Hay gente que come. Y gente que bebe. Los hay que inspiran y los hay que expiran. Hay gente que viene y gente que va. Hay los que se pegan. Y los que desaparecen. O callan.

Hay gente de tú, y gente de yo y de yo y de yo. Los hay que nosotros y los que nadie.

Hay gente que son ejemplo a seguir y gente que sigue y busca y rebusca ejemplos a seguir. Hay gente que adora y gente dorada. Agradecida y bendecida. Gente iluminada por el sol de la mañana. Hay gentes que oscurecen el amor y gentes que alumbran las montañas. Los hay que repican campanas y los hay que replican sin más.

Hay gentes que son linaje y gentes que hilan y tejen. Están los que se rompen y los que conectan. Los que reconectan y llegan. Hay gentes que nacen y renacen. Hay gente herida y gente que hiere. Valientes, dolidas. Diamantes y turba.

Hay gente que siembra y gente que abona. Los hay que recogen y los hay que ofrecen. Se ofrecen.

Hay gente que cambia.

Hay gente que es.

Y yo, también, hay momentos en que,

bajo el árbol frondoso, 

también siento que soy gente que.


martes, 23 de agosto de 2022

ESPACIOS NACIENTES

 



Hay un perro que, detrás de un seto, mira como un gato duerme. A lo lejos, tres caballos, espantan las moscas con sus patas traseras. El gato, impasible, descansa su cola mientras sus orejas, atentas, siguen los pasos que se acercan.

Los pasos silenciosos regresan a su hogar temporal. Como matriz que acoge amorosa, el hogar les regala una noche a la luz de las velas. Las llamitas de las velas danzan armoniosas al compás de una canción italiana. Canta de alguien que marcha. Triste. Muy triste. La tristeza en el ambiente se envuelve, calurosa, del abrazo de las historias de C.

C. habla despacio, como si saboreara cada palabra. Masticando cada recuerdo. Todos, simplemente, atienden. Ahora que han aprendido a prestar a tención. A atender a lo que hay. Afuera y adentro. A hacerle un espacio de bienvenida a lo que llega Y lo que llega puede ser trueno o lluvia, lágrimas o besos, sonrisas o juegos, padre, madre e infante… El vacío ya no se moja.

Esperan y no. Como si la espera ya hubiera llegado a su destino. Como si el alma los hubiera, por fin, alcanzado.

Las viejas piedras de la casa también escuchan. Atentas.  ¡Cuántas vidas habrán visto nacer! Las celebran. Las bendicen.

Las historias de C. se entremezclan con las historias que ellos se cuentan. Las que se solían contar y las nuevas historias aún no acabadas. Nuevos espacios, nuevos caminos. Las nuevas historias comienzan a retumbar, como el trueno que, ya a lo lejos, se desvanece.

Una mano se recoge, un pie se aposenta en el suelo. Hay miradas por todas partes. Respiraciones y suspiros que se respiran a sí mismos. Que se dan aliento. Suspiros suspirándose. Espacios exteriores, húmedos, cálidos, risas y frases inventadas, chistes con código, el compartir de bandejas de fruta. Alimentando de vida nuevos espacios nacientes. Como el camino, nutriéndose a sí mismo.

Y se jalea el aire. El aire que entra y sale. Sale y entra. Entra y sale. Suspira y jalea. Darle espacio al dolor y jalearlo. Respirarlo. Darle espacio y, darse cuenta entonces, que ahí se cobijan todas nuestras posibilidades.

Como quien batea el trigo para desgranar la espiga. Y el oro del grano, regalo inesperado. Como perla en el camino. Tantas perlas desgranadas que uno podría engarzar un collar. Largo, muy largo. Solo el hilo los une. Así invisible como el perro que, ahora, ya se fue, galopando, en busca de un pichón. A lo lejos, tres caballos relinchan.

Aquí, ya todo es paz.


sábado, 2 de mayo de 2020

ESENCIAS EVOCADAS





La melosidad del zumo de melocotón. Colonia en tu barba. El olor a pino seco a primera hora de la mañana y una sábana al sol.

Tu pelo.

La resina de las piñas medio abiertas y el metálico olor a hierro desconchado de la barandilla. La tierra mojada. Ese libro viejo y el hervor del café escapando de la cafetera.

Tu pelo.

El pan de molde en la tostadora y la leña recién cortada. Toallas recién lavadas y la manta del sofá. Las mañanas de primavera y la nata montada.

Tu pelo.

El olor a lana buena de la chaqueta de tu traje y la palma de tu mano. El recuerdo de tu espalda.

Tu pelo.





viernes, 21 de junio de 2019

LA MAGIA






Soy el canto de una hormiga.
Y el susurro de un mosquito.
Soy el lunar en el pie de una oruga.
Y el aliento de una lombriz.

A veces, las grandes epopeyas
se escriben en mínuscula.
Con pocas palabras.
A baja intensidad.

Y, así.
Solo así.

Puedes afinar bien el oído.
Y escuchar, por fin, la magia
del vivir.












viernes, 14 de junio de 2019

EL SILENCIO




A veces el silencio es ensordecedor.Tan rotundo. Tan explícito.
Tan extravagante.
Que me tapo los oídos y los ojos.


Y las manos se me ponen moradas de tanto apretar.
Que los pies se me enrollan a la altura del ombligo.
Que las uñas se me erizan.


A veces el silencio está tan roto que ni lo puedo escuchar.
No lo quiero escuchar.
Duele.


A veces el silencio duele y me estremezco.


Me sumerjo en lo oscuro de mi garganta.
Me sumerjo en lo oscuro de mi piel.
Me sumerjo y me dejo caer.

Ya.

A veces el silencio está justo ahí: en la caída.


No hacen falta palabras. Ni poemas.
Ni canciones.
No hacen falta buenas intenciones. Ni frases hechas.

El silencio, al fin y al cabo, nos acompaña .
Como siempre.






martes, 24 de julio de 2018

MI OTRA FAMILIA





Alfonso, Andrés, Blanca, Raquel, Jesús, Carlos, Mamen, Nerea, Raúl, Blanca, Ana, Salud, Isabel, Rafael, Juana, Claudia.
Sois las manos de mi otra nueva familia.

Antes de saber que yo era mi propia familia vivía encerrada en mis propios miedos.

Remolona, distante. Dormida.

Mis ojos esforzados no veían.

Corría. Mucho.

Y no llegaba a ninguna parte.

Mis manos se sujetaban con fuerza.

No sé a qué.

Ahora lo veo.

Mis pies pisaban débiles sobre la tierra húmeda.

Mis labios se esfumaban como el humo de un puesto de kefta.

Mi pecho temeroso y las manos toscas.

Demasiado esfuerzo.

Agotada, un día me desplomé.

Caí como la piedra en el arroyo.

Pesada; al suelo.

Como el tronco que el rayo parte y se queda ahí, tumbado, recalentándose al sol.

La piel agrietada. Las uñas partidas.

Corcho seco.

Me esforcé por salir de ahí.

Mucho.

Luché por levantar mis ojos al cielo y gritarle a las nubes.

El sol cegó mis pestañas.

El calor arrancó mi piel muerta.

Niña muerta que anhela despertar.

Arrojé todas las fuerzas en vano.

Y volví a caer.

Rodé y descendí desconsolada.

De alguna manera, me hundí.

Dentro de mí.

Caí tan profundo que la oscuridad inundó mis entrañas.

Tan a dentro que mis manos aflojaron, mis uñas se volvieron blandas y mis dientes dejaron de carraspear.

Caí tan abajo tan abajo que me disolví en la tierra.

Y decidí quedarme.


Un día sentí una fina melodía.

Una gota de tambor cayó en mi oreja.

Bum.

Y otra Y otra más.

Luego tres-cuatro gotas de oboe y una fina lluvia de clarinete empezaron a acariciarme el rostro.

Bum bum.

Entreabrí los labios y me dejé mojar por el sonido de las panderetas y el cante jondo.

Bum bum bum.

El pulsar de mi corazón empezó a latir.

Con fuerza.

Cada gota venía a mi rostro a nutrir la sequedad como cristal poliédrico.

Y en cada cristal un nombre.

Y en cada nombre unos ojos.

Y en cada ojo, el universo.


El universo en una pupila.


Y el sol en una mano amiga.

Mis hombros sintieron la calidez. La protección.

Y la mano se multiplicó, así, lentamente.

Quince-veinte-treinta manos acariciaron mi espalda.

Me envolvieron en un abrazo de piel de camello.

Cálido. Nutridor.

Sin juicio.

Sin espera.

Solo el calor del abrazo.

Comprensivo, amoroso. Paciente.

Y en el acogedor caer del abrazo me sentí llena de nuevo.

Llena de mí. 

Llena de música.

Llena de vida.

Eran las manos que acompañan.

Como una familia.

Como una tribu.

Nutridora tribu al pie de la fogata del amor.

Y ahora comprendo.

Soy mi propia familia, sí.

Mi propia familia y más.

Quedarme está bien.

Confiar.

Dejarme abrazar y soltar.






Confiar que, tras muchos años, tengo una nueva familia.

lunes, 14 de mayo de 2018

POR AHORA




Aquí. Me siento bajo el árbol milenario.
Fuerte. Robusto.
El roble me acoge con su firme sombra.

Allí. Miro las nubes en el horizonte.
Claro. Liviano.
La línea del infinito a la que nunca llegar.

Aquí. Siento el frescor de la hierba a mis pies.
Verde. Vulnerable.
Y la margarita que me acuna.

Allí. Veo un halcón que alza el vuelo.
Seguro. Majestuoso.
Parece que me guiña un ojo.

Respiro, entonces. Y cierro los ojos.
Y veo con claridad.

El desierto, ahora, me permite ver.

Y me despido, pues.
Me despido, por ahora, de la oscuridad.
Me despido del miedo y del arrojo que me ciegan.
Me paralizan o me ahogan.

Me despido, de momento, de los grilletes de la pereza.
Del des-amor propio.

Y me despido sabiendo que es por ahora.

Por un momento.

Quizás lo oscuro y el miedo y el arrojo y el des-amor vuelvan.

Y entonces les daré los buenos días. Los miraré a los ojos.
Y les daré un asiento en mi salón.
Y nos tomaremos un té.

Pero ninguno de ellos decidirá cuál es el próximo paso.

Me despido, pues.

Por ahora.

martes, 16 de enero de 2018

UN HOMBRE VALIENTE



Hay un hombre valiente lleno de miedo y de temor. Un hombre valiente lleno de miedo que oculta con un cúmulo de sabiduría. Como si el ser admirado intelectualmente escondiera esa sombrita de temor a la vida que, a veces, muy pocas veces, asoma por detrás de la oreja.

Hay un hombre valiente que se reprime y, también, reprime. Porque le teme al conflicto y al confrontar. Porque le teme, en definitiva, a perder el amor y la admiración. Y, mientras, habla en tercera persona del impersonal para no mojarse una pizca en su dignidad dañada.

Hay un hombre valiente que ordena y etiqueta todo: los cajones, los álbumes, las fotos y hasta las bolsas de etiquetas. Al hombre valiente siempre le ha dado miedo el mundo. Pero lo oculta preparándose ante todo con perseverancia y suspicacia. Con algo de desconfianza y mucho estudio.

Ese hombre valiente, que se avergüenza tan rápidamente, suele moverse en grupos pequeños, se siente inseguro pero no lo muestra, se ve vulnerable pero no lo dice. Eso sí, tiene muy buenos amigos. Pocos, pero buenos. Y es leal. Muy leal. Puedes contar con él siempre. Y siempre es siempre. 
En el fondo, su dulzura se parece más a un edulcorante natural: suave pero duradera. Y, a veces, se le escapa por la comisura de los ojos en forma de lagrimitas de cristal.

Hoy al hombre valiente se le ha girado la vida. O, mejor dicho, la salud. Y se ha visto pequeño, indefenso.  Dubitativo e inseguro. Y , aunque , con dificultad, por una vez, se ha dejado querer.


Como un niño que solo pide que lo miren.


miércoles, 3 de enero de 2018

UN HOMBRE ME HABLA


A J.L.R

Un hombre me habla.

Un hombre me habla y me cuenta secretos.

Secretos que antes no podía contar.

Aquellos secretos de los que otros hombres se burlan. Secretos escondidos, secretos a voces, secretos de intimidad.

Un hombre me habla y me cuenta que llora,  que ríe. Que siente.

Un hombre me habla y me cuenta que a veces, muchas veces, se siente chiquito, pequeño ante la inmensidad del firmamento. Que la superluna le enciende por dentro al calor de lo humano. Que los amores apagados también duelen y los hijos alejados, escuecen.
Que dentro, allí en el fondo tan fondo de su corazón hay blanca risa, hay dulce llanto, espuma de rabia y pimienta de lujuria, hay aceite de vanidad y harina de dolor. Secretos de alta cocina emocional.

Un hombre que llora y me habla así, flojito al oído, me dice tanto. Me recuerda que, solo a través de las rendijitas de nuestras heridas, se cuela la luz. Me recuerda de la pequeña grandeza de todos. De la gran pequeñez del ser.

Un hombre me habla y me cuenta secretos a susurros, a voces, a gritos, a besos.

Y yo me conmuevo.




miércoles, 20 de diciembre de 2017

A VECES, CUESTA





Me dicen y escucho
Madurar es aceptar.
Aceptar que hay gentes
Que hay gentes que no quieren madurar
Hay gentes que no pueden aceptar

Aceptar esa ayuda que viene en forma de consejo
Aceptar esa ayuda que llega en forma de deseo verdadero de mejora

No. Hay gentes que no pueden
O no quieren
Ese tipo de ayuda
Ese tipo de ayuda que yo les puedo dar
Esto duele

Duele que mi amor no sea suficiente
Duele sentir que mi amor sea chiquito
Que mi amor se seque en el camino

¡No! Eso no es cierto.
Mi amor sí es suficiente.
Mi amor es grande y jugoso

Duele que mi amor no les sirva a esas gentes.
Duele, y me cuesta sostener, que este amor
Solo sea eso
Un amor calentito, simplemente

Madurar significa aceptar, me dicen

Entonces (me) escucho

A mi, a veces, aceptar

también me cuesta.



viernes, 15 de diciembre de 2017

EL LIBRO




Debajo de un árbol, a los pies de un acantilado.
El sol ondea las copas del infinito.

A los pies de un árbol por encima de un acantilado.
El viento calienta las raíces.

A los pies y debajo de un gran árbol.
Una niña.
Cara y gafas redondas. El pelo oscuro. Vestida de azul.

A los pies, una niña me coge de la mano y me sienta.
Por detrás del cristal, sus ojos abiertos, muy abiertos.
Parece que sonríen.
Asiente. Una, dos, tres veces.

Mi corazón baila dentro de mi pecho.
Y mis manos tiemblan como agujitas de coser.

A los pies del gran acantilado, la niña me entrega un libro.
Mis dedos lamen el cuero.
Mis ojos huelen el título:


Soy el árbol de mi vida.

lunes, 27 de noviembre de 2017

A VECES ME VEO




A veces siento que tengo un avispero en mi garganta. Y un zarpazo de oso en mi estómago. A veces siento punzadas de hormiguitas en mis pies. 
Ay, y jilgueros cantando en mis oídos. 
A veces me sorprendo hablándole a mis rodillas que crujen como chicharrones.
 A veces me siento y no me levanto.

A veces me miro y no me veo.

A veces mis uñas lloran desconsoladas. Y mis dientes escupen falsa ironías.

A veces. Esto es algunas veces. 

Otras veces mi ombligo ríe locamente. 
Y mis dedos tintinean de emoción. Hay  veces que mi pelo baila al son del viento y mis pechos recogen el sonido de la montaña. 
A veces mi nariz se contornea sensual y mis caderas huelen a felicidad.

Esto es lo que hay. A veces mi cuerpo me calla y otras, me ensordece.

Hay veces que mi cuerpo se expande y engrandece por dentro. 
Sí. 
Como un arcoíris en mi diafragma.

Esto es lo que hay.


Hay días que me miro y, sí.  Me veo.


domingo, 19 de noviembre de 2017

QUÉ FÁCIL



Qué fácil.
Qué fácil parece desde afuera.
Tan fluidamente, tan sencillo todo.

Qué fácil parece cuando no conoces las oscuras ramas de la indecisión.
Qué fácil cuando no tienes ni idea de la discapacidad del alma.

Qué fácil, sí.
Qué fácil cuando no sabes.

Cuando no conoces ni una ínfima parte de lo que se esconde tras la eterna sonrisa.
Tras los ojos que miran con brillantina.
Tras las manos de plastilina
que trabajan sin cesar.

Tras el pecho que esconde un corazón remendado.
 Parcheado. Descosido.

Qué fácil parece.

Sí, cuando ni siquiera te esfuerzas


por mirar. 


viernes, 17 de noviembre de 2017

CIERRA LOS OJOS




Hay veces que cierras los ojos y allí aparecen. Las imágenes. Lienzos de  futuro. De ese futuro que imaginas, del futuro que anhelas. 
Del futuro que pintas en tu mente. Con grandes brochas de los y si… o quisiera.. De los ay si solo pudiera… las fantasías de tu deseo más profundo… o de tu necesidad más profana. 

Y, en cerrando los ojos así, te vas. Pierdes y te pierdes por el trayecto onírico.  El camino de lo que aún no es. El camino de lo que quizás nunca sea. O quizás nunca sea como tú imaginas que será.

A veces cierras los ojos y ya están allí. Escenas del pasado. Escenas de una película que ya conoces. Escenas repetidas, escenas temidas, escenas vividas y disfrutadas. Escenas dolorosas…Escenas añoradas. 

Pero en cerrando los ojos hacia tu pasado, el recuerdo ya no es el mismo. No es el mismo que la realidad que experimentaste. Porque el recuerdo queda diluido en el río de la falsa memoria. Y el pasado nos atrapa. De nuevo.

Amigo, cierra los ojos y no hagas nada más. Tan solo eso: cierra los ojos. Siente. Respira. Vívete en tu negritud, en tu soledad, en tu sentirte al fin. 

Cierra los ojos y siente tus pies en el suelo. Siente el calor de tus párpados, el brillo de tus manos. El sabor de tu cabello y el aroma de tus lunares.

Amigo, cierra los ojos. Y ya.

Quizás, en cerrando los ojos así, puedas abrirlos con más claridad. Abrirlos a la bendición del arte. Abrirlos a la magnificencia del otro. Abrirlos a la grandeza del mundo.

Abrirlos a la generosidad …


…de dejarte en paz.



miércoles, 1 de noviembre de 2017

AHORA YA PUEDO MIRAR



Entra ahí.
Entra ahí y déjate sentir.
Déjate arrastrar por lo profundo.
Déjate caer en lo sensible de tu intimidad.

Métete en la emoción que te habla. Escucha lo que tiene para ti.
Escucha lo que tiene para ti.
A veces te susurra. A veces es grito ronco.

 ¿De qué te das cuenta, ahora? 
¿Alguna sombra se ha alumbrado?

Ay, la sombra. La sombra no la queremos ver.

La oscuridad que escondemos nos la escondemos.
Y la escondemos del mundo.
La escondemos al mundo.

Mostramos lo que queremos mostrar.
Y nos mostramos lo que queremos ver.


El y suma .
El y de ahora es fuerte y claro. Transparente.
El y que añade, el y que incluye.
El y que integra.

Gira tu mirada. Para  y escucha.

Yo también me paro y escucho.
Miro.

Me paro y da miedo.
A veces da miedo.
Mirar y escuchar a veces da miedo.

Me protegí para no ver.
Me protegí por no escuchar.
Y el proteger celoso ya no sirve.

Ahora me pongo de mi lado. Me dejo sentir.
Ahora me doy el permiso.
El permiso de acompañar. En el miedo y la ilusión.

Ahora voy y me agarro con fuerza y me acuno.
Me acuno. Me acuno.

 Me protegí para no ver.


Y ahora ya puedo mirar.


jueves, 14 de septiembre de 2017

MI PROPIA FAMILIA





Antes de saber que yo ya soy mi propia familia me tenía por parcial, imperfecta. Escasa. Incompleta. Me sabía la mitad de algo indecible. De algo fugaz, perecedero. Con el anhelo de buscar. El anhelo de encontrar. Sobre todo, el anhelo de encontrar. Una búsqueda ansiosa. Una búsqueda codiciosa. Insaciable. Tan cansada. Tan cansada. Tanto que ya no quise buscar más. Ni menos. Nada.

Curiosamente. Ay, curiosamente, hallé. Encontré dentro de mí. No fuera, como un manuscrito traspapelado. No. Encontré dentro de mí, de mis cajones más profundos, más recónditos. Encontré y entendí. Entendí que yo soy ya mi propia familia. Soy mi propio padre que me indica el camino. Me da fuerzas. Y me coloca en el mundo.

Yo ya soy mi propia familia. Soy también mi madre que me acoge. Me da cariño y ánimo cuando las fuerzas decaen. Me alimenta y da calor.

Yo soy mi propia familia. Soy también la niña que a veces remolonea. Patalea o se queja. Y la niña que juega, se emociona  y sorprende. Y abre los ojos ensimismada ante las maravillas del mundo.

Yo ya soy mi propia familia: me quiero, me acojo y me acompaño. No necesito libro de familia porque yo soy el libro. No necesito carnet de identidad, porque yo soy mi propia identidad. No necesito pasar diplomas ni certificados porque la vida es mi mayor carta de presentación. No necesito experimentos ni exámenes ni pruebas de verificación porque mi máxima verdad es descubrir que soy. Yo ya soy.

Soy mi gran pequeñez. Y  mi pequeña grandeza.

Comprenderlo me abre a la inmensidad del mundo, a todas sus posibilidades, a todas sus multiplicidades. Me abre la mente y el corazón. Me abre a la incertidumbre del ser y estar en este mundo. Y me abre a la fantástica, e incierta, posibilidad de encontrar a otras familias en el camino. De caminar juntas. De caminar al lado. Me abre a la eventualidad de escoger. Escoger lo que sí . Y escoger lo que no. Me abre y me mantiene a la vez firme. Firme sobre mis propios pies. Con el corazón tierno, las ideas claras y los pies fuertes. Ahora camino sabiendo que yo ya soy mi propia familia.




jueves, 20 de julio de 2017

LO DIGO ALTO Y CLARO



No. No me quiero perder en ti. No quiero que los días pasen, a veces volando. No quiero perderme en las perfectas fantasías que mi mente elabora y cocina a cada momento. No quiero perderme las risas, ni los llantos. Ni esa sensación de profunda gratitud hacia las flores. Y su aroma. 

No quiero perderme los ríos, ni los puentes, ni los arroyos que fluyen y fluyen sin parar. No quiero que las gotas de lluvia sigan resbalándome. Ni que los charcos de barro se aparten del camino. No quiero que tus pies se detengan si estás. Si estás. 

No quiero dejar de escribir. No quiero dejar de bailar.  No quiero dejar de soñar. Ni tampoco engancharme al sueño eterno. No. No quiero que la espada gobierne tu letargo. Ni mi letargo. No quiero que el dolor me deje sin aliento. Ni que el miedo me encadene al óxido. 

No quiero que me acompañes si sabes. O no sabes. Solo siéntelo. Y déjate en paz.

No quiero que lo sagrado me abandone. Ni olvidarlo de tanto dormir.

Vamos.

Que lo digo alto y claro.


Estoy para empezar a vivir. De nuevo.

martes, 18 de julio de 2017

LÁGRIMAS




Lloras y te veo.
Te veo llorar.
 Son lágrimas limpias, verdaderas…
profundas… primitivas.
Tu dolor es  infinito, más allá del cuerpo.
Más allá del alma.
Te veo llorar y yo lloro también.
Porque tu dolor es, en cierto sentido, mi dolor también.
Tu dolor, mi dolor.
Simplemente, dolor.
Cómo el dolor puede compartirse
 así de repente.
Y cada lágrima, cada gota : una confesión.
Una confesión de respeto.
Una confesión de ternura.
Una confesión que comprende.
Lloras y te veo.
 Y comprendo.
Las hojas de los árboles lloran también.
 Las flores e insectos lloran.
La tierra llora cuando tú lloras.
Verte así, tan grande y tan pequeño a la vez.
Tu gran pequeñez y tu pequeña grandeza lloran juntas.
 Se consuelan una a la otra.
Se acunan mutuamente.
Lloras. Te veo.
No hay nada que decir.
No hace falta.

Tan solo mirar.