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lunes, 17 de mayo de 2021

EL VIEJO QUE PIDE EN LA CALLE

 

 


Hay un viejo que pide en la calle. Sus pantalones de pana tienen doce agujeros y su camisa ya no abrocha bien. Lleva la barba larga y las uñas descosidas. Cada mañana lo veo, sentado en la esquina del parque. El pelo aciago y los ojos pacientes.

El viejo que pide en la calle se sienta sobre un cartón. Quizás lo pidió en la frutería de enfrente o se lo encontrara en algún contenedor. A nadie le importa.

Hoy , como cada mañana, llega con su paso tranquilo, se descubre la cabeza, se cepilla los cabellos con los dedos y se acomoda en su cartón. Y mira. Mira la calle, mira las gentes, las farolas y los pájaros en mudanza. Mira los carritos de la compra que corren diligentes. Observa cómo la vida acontece. Y a nadie le importa.

A veces ensueña o recuerda. Cada vez menos: su historia es tan antigua que cuesta rememorarla. Como el horizonte que se alarga si deseas alcanzarlo: cada vez más lejos. Por eso, un día, decide desempolvarse de todo recuerdo. Como el que se sacude la caspa del abrigo.

Por su lado, pasa un hombre con maletín. Una niña con una piruleta roja. También pasan tres chicos en pantalones cortos y una mujer entradita en carnes. Pasa una estudiante con un gran portafolios.

A la chica del portafolios se le cae un rotulador rojo. Y no se da cuenta, o quizás no le importa porque tendrá ciento cuarenta cinco rotuladores más en su mochila. Y sigue trotando calle arriba.

El viejo que pide en la calle recoge el rotulador del suelo y lo abraza contra su pecho. Saca el tapón, huele la punta. Sonríe. Se arrodilla y escribe sin pausa, con letras grandes y temblorosas: hoy también importa.

 

jueves, 20 de julio de 2017

LO DIGO ALTO Y CLARO



No. No me quiero perder en ti. No quiero que los días pasen, a veces volando. No quiero perderme en las perfectas fantasías que mi mente elabora y cocina a cada momento. No quiero perderme las risas, ni los llantos. Ni esa sensación de profunda gratitud hacia las flores. Y su aroma. 

No quiero perderme los ríos, ni los puentes, ni los arroyos que fluyen y fluyen sin parar. No quiero que las gotas de lluvia sigan resbalándome. Ni que los charcos de barro se aparten del camino. No quiero que tus pies se detengan si estás. Si estás. 

No quiero dejar de escribir. No quiero dejar de bailar.  No quiero dejar de soñar. Ni tampoco engancharme al sueño eterno. No. No quiero que la espada gobierne tu letargo. Ni mi letargo. No quiero que el dolor me deje sin aliento. Ni que el miedo me encadene al óxido. 

No quiero que me acompañes si sabes. O no sabes. Solo siéntelo. Y déjate en paz.

No quiero que lo sagrado me abandone. Ni olvidarlo de tanto dormir.

Vamos.

Que lo digo alto y claro.


Estoy para empezar a vivir. De nuevo.

martes, 26 de julio de 2016

ANUNCIO POR PALABRAS II



Cuando el viejo payaso empezó a dolerse, la soledad decidió dar un vuelvo a su vida y decidió empezar a viajar. Compró el periódico local y buscó con ahínco el anuncio que llevaba tiempo esperando. 

Lo encontró en las páginas de contactos, a letra diminuta y en una esquina imperceptible: “Camionera retirada busca nariz roja con sonrisa melancólica”



ANUNCIO POR PALABRAS I





Enfermera jubilada acoge perro cojo. 

Nunca imaginó que su vejez fuera a ser tan solitaria.



domingo, 24 de julio de 2016

CINCO PRENDAS




Cinco prendas de vestir tiene. Las dobla cuidadosamente y las guarda en la cajonera más alta. Por la humedad. Toca el piano, la flauta y la batería. Siempre a solas. No soporta que los vecinos le oigan cantar. Aunque lo hace bien. Él no hace turismo, viaja. Come solo cuando siente hambre. Y a veces se le olvida. Hay semanas que apenas sale de su estudio, componiendo e imaginando  sinfonías para la banda sonora de una nueva vida. Cinco prendas de vestir tiene. No más. 

Tanto por ofrecer. Y el miedo a perder lo acorrala.



martes, 19 de julio de 2016

ME LLUEVEN LOS OJOS








Me llueven los ojos cuando te imagino recogiendo miguitas de pan con la yema del dedo meñique y lamiéndote el alma por una onza de chocolate. 

Negro. Por supuesto.

Me tiritan los miedos al pensarte viajando. 

Lejos, tan lejos de los poros de mi espalda.

Me florecen los labios al besarte en el aire. 

Contando cada tic-tac de este eterno estruendo.

Me tiemblo y me doblo. En el fragor de la noche sin cuerpo. 

Te palpo y te hallo. En mis sueños de fantasía.




domingo, 17 de julio de 2016

SIN DISIMULO





Lo bonito no son tus ojos, sino tu mirada.

No son tus manos las sensibles, sino tus caricias.

Ni brillantes tus labios, mas tus palabras.

Qué lindo verte cantar, bailar, tocar el alma  con tu voz.

Qué bello vivirte, sentirte. Tan plácida y serenamente.

Saberte. Anhelarte. Respirarte.

Profundo privilegio, el intuirte. Deseo y arrebato, el soñarte.

El aroma a fresa salvaje.

Y esa perla que brilla en la comisura de tus hombros.

La ternura de tu ombligo.

Y esos pies que pisan fuerte.

Que es amor sin doble filo. Corazón que rompe y recompone.



Qué lindo verte cantar, bailar, tocar el alma.

Qué bello, vivirte. 

Sentirte.



viernes, 15 de julio de 2016

ESPERANZA DE AZAR








¡Que no se acabe esta noche! 

Que tus ojos me atraviesen los párpados. 

Que tus besos me acaricien el alma. 

Soñemos que la noche es cálida y eterna. 

Y que nuestros labios se bailan en un huracán de algodón.

No te pido promesas, ni  juramentos ni votos de reciprocidad.

Tan solo, únicamente,

deseo, con todas mis fuerzas

que algún día, podamos compartir nuestra

esperanza de azar. 



domingo, 10 de julio de 2016

RENDICIÓN Y LIBERTAD





A menudo piensas. Recompones el pasado en frases y sentencias. Reeditas tus ideas en un álbum de certezas imaginadas. Y te dices que esto es: te reafirmas en la razón. La que tienes. La que buscas.

Y la anhelas fuera, en las letras, en las normas, en ese otro que te confirma que a menudo piensas. Y piensas bien. Y piensas mal. ¡Qué más da! No hay nadie. En el fondo nadie te confirma en qué mar te encuentras. Buscas y buscas fuera de ti esa boya a la que agarrarte en el vaivén de la vida.

Y tienes miedo a equivocarte. Y tienes miedo de acertar. La vida siempre te ha servido el postre incierto. Ebrio. Desbocado. Desbordante. Vas y vienes. Vienes y vas.

Te hundes y flotas. Navegas a la deriva. Necesitas agarrarte fuerte a tus palabras. Y sabes cómo hacerlo. Te agarras con fuerza.

Tanta, que los nudillos te sangran. Tanta, que las manos te tiemblan. Tanta, que ya no estás seguro de si agarrarte es mejor que soltar.

Y sueltas. Con miedo. Te desprendes del anclaje. Te desprendes del deber. Te desprendes y empiezas a bailar.

Rendición sin música. Empiezas a bailar, a rodar y rodar. Caes y te levantas. Ruedas y saltas. Brincas y te mareas.


Ay, qué lindos, tus pies en movimiento. Ay, la belleza de verte, por fin, en libertad. 




jueves, 7 de julio de 2016

TARDE DE DOMINGO




No quiero que termine esta tarde de domingo. Donde los árboles susurran caricias a los pájaros y el calor se pega como una calcomanía en nuestros cuerpos. 

No quiero que termine esta tarde de domingo;  que siga nuestro café humeante. Y la luz de tu sonrisa. Me invitas a un helado y nos gastamos una  broma.

Reímos.

No quiero que termine esta tarde de domingo. La quiero eterna. Laxa. No quiero pensar en palabras complejas, como controvertido o displicencia. Me quedo con la comisura de tus labios, tu mirada y un qué tal.


No quiero que termine esta tarde de domingo. Déjame que bese ese lunar que tienes en la mejilla izquierda o  busque tus ojos en mi nuca cuando abres el portal. Y sonreírnos los dos. Déjame que te llene el pecho de granitos de ternura. Hagamos que nuestras manos se fundan en un reloj de arena infinito, tocándonos a ciegas. Sintiéndonos el paladar. 

Brillándonos el alma. 



viernes, 17 de junio de 2016

TÚ NO SABES NADA









No sabes nada. No sabes que a veces me quedo embobada mirando a la gente pasar e imagino escenas surrealistas de su vida cotidiana. No sabes que hay días en que me despierto a media noche y escribo mis sueños. No tienes ni idea. Ni que algunas mañanas me exprimo tres naranjas del tirón para un vaso y medio de zumo porque el primero me da más sed. No sabes que las cosquillas las tengo en los pies, por detrás de las rodillas y en la punta de la nariz. No conoces el número de lunares que tengo en la espalda. Nada. No sabes nada. Tampoco  tienes ni idea de lo cobarde que me siento a veces; o de lo que me cuesta enfadarme. Ni de lo fácil que es hacerme reír. No sabes lo que me cuesta cuando me presentan a alguien por primera vez ni que me encanta el té con hielo. No sabes que odio las habas ni cómo me emociona ver  un hombre llorar. Tampoco sabes que me encanta bailar mientras limpio. Que me encanta bailar sin excusas. No sabes que mi dedo preferido es el pulgar izquierdo. Ni que me muerdo el labio inferior cuando me siento nerviosa. No. Tú de todo esto no sabes nada.



viernes, 10 de junio de 2016

LA REVOLUCIÓN DE LAS PRINCESAS




Cuando las princesas decidieron unirse ya nada las paró. Cenicienta se compró unas sandalias de cuero, cultivó un huerto orgánico y se pasa los días tejiendo mandalas. Blancanieves se hizo amante de dos de los enanos en un afán práctico de poliamor. Rapunzel, harta ya de tanta trenza, se las cortó y con ellas se hizo un petate con el que recorre medio mundo. Bella se rapó al cero, se puso dos piercings en la nariz y, cansada de tanto vals con can-can, aprendió a bailar break dance. Ha quedado primera en el Campeonato de Harlem Street durante tres ediciones seguidas. Ariel se hizo campeona de natación sincronizada y, en los últimos juegos olímpicos, se fugó con un lanzador de martillo de metro noventa. Finalmente, Pocahontas encabezó una marcha pro indígena y fundó la primera ecoaldea autogestionada y ahora se dedica a dar conferencias de motivación por los cinco continentes. 
Visto esto, los príncipes no tuvieron más remedio que buscar a las madrastras y llorar en sus regazos mientras éstas les daban compota de manzana con cucharillas de plástico.



miércoles, 8 de junio de 2016

CÓMPLICES




─ ¿Cuál es mi mejor perfil?-  preguntó él justo antes de que le tomara la fotografía.
─Cuando estás presente- contestó ella sonriendo.
 Y fue entonces cuando se encontraron.





QUÉ BONITO SERÍA





Qué bonito sería que una noche de junio te abrazara por la espalda cuando cortas calabacines de la cena vegetariana mientras vaciamos copas y más copas de un tinto riojano. Qué bonito sería que una madrugada de febrero, de esas de frío nórdico de plumas, te perdieras en mi espalda y me contaras las pecas con tus labios. Qué bonito sería que una tarde de octubre me quitaras las gafas con cuidado porque me he quedado dormida en el sofá apoyada mi cabeza en tu regazo. Qué bonito sería. Tan solo si tú supieras.

martes, 7 de junio de 2016

LA MÚSICA AMANSA LAS FIERAS.

El tigre de mi espalda se levanta rugiendo. Cada día lo hace de forma sigilosa, pero me deja comer, bailar y dormir. Hoy, sin embargo, el tigre de mi espalda se despereza con las garras afiladas, apuñala mis vertebras, aguijonea mis músculos, bosteza con el maxilar abierto y rasga mis lumbares. Hasta que las convierte en tablas de nogal centenario. Hoy el tigre de mi espalda está rabioso. 



Me iría tan bien que vinieras y ,armónicamente, le susurraras a mi tigre de la espalda. A mí nunca se me dio bien cantar. 

domingo, 5 de junio de 2016

YO TE PIENSO


Yo te pienso cuando, por ejemplo, me lavo los dientes. Y me imagino que estás a mi lado, lavándote los tuyos. Y me imagino, por ejemplo, que nos peleamos de la risa por ver quién ocupa más espacio de vanidad en el diminuto espejo. Yo te pienso cuando, por ejemplo, tumbada en el sofá me quedo frita e imagino que tú me miras desde la silla de la mesa del comedor y, sigiloso, apartas mis piernas, te sientas y vuelves a apoyar mis pies encima de tus piernas. Y entonces me acaricias mientras solo tú ves la tele. Yo te pienso cuando, por ejemplo, conduzco hacia la playa e imagino que tú eres mi copiloto y a cada curva pones tu mano sobre la mía que está cambiando de marcha. Y paramos en un pinar cerca del mar y hacemos el amor a la sombra de un árbol gigante.

Yo te pienso así y de muchas más formas. Pero, claro, tú de todo esto no sabes nada.

lunes, 1 de septiembre de 2014

UN VIAJE IMAGINARIO



Una noche escuché, a lo lejos, detrás de los árboles: “siéntate delante de alguien y mírale a los ojos”. Y me levanté y mis pies empezaron a andar. Lancé varias flechas que hicieron el camino. El bosque era frondoso, húmedo. Vivo tras los helechos. En el cruce de caminos una señal sin palabras indicaba dos direcciones. Una serpiente cruzó mis pasos en varias ocasiones, dos gatos negros y varias ardillas. En un momento recordé que me quedaban pocas flechas y las lancé con criterio. Sin prisas. Al fin, en la puerta de una cueva, un delfín parecía que me esperaba. Sonrió. Entonces, y solo entonces, fue cuando me senté y lo miré. Y entendí.

jueves, 6 de febrero de 2014

VÍCTIMAS


Debería sentirme afortunada y solo tengo ganas de llorar, de tirarme de los pelos y, si tuvieras, de tirártelos a ti también hasta hacerte sangrar. Pero entonces te pondrías a llorar como un puercoespín al que están degollando. No pararías de berrear, como si la vida te fuera en ello. Aunque sí, la vida te va en ello, porque de tus lloros y de tus gritos depende que yo te dé el pecho o te meta el dedo en la boca. Debería mecerte entre mis brazos cuando empiezas a llorar desconsolado. Para eso, para consolarte. Pero quien me tendría que consolar es tu padre, ese torturador del trabajo bien hecho, ese solucionador de todo, en todo momento y como- yo -lo –digo- es mejor. Asco. Te mataría. O, mejor, me mataría. Sería mucho más cruel. Lo sé.

Debería estirar las comisuras de mis labios hasta formar una mueca de felicidad pero tú te cagas, te meas, te lloras y te quedas dormido sin avisar. Eres un surtidor de excrementos y babas y líquidos viscosos y gritos a mil trescientos decibelios. Y yo debería adivinar esas señales que todavía no atino a comprender. Y que no me dejan dormir. Debería llamarte en diminutivo de alguna fruta tropical, como melocotoncito, o confiturita de piña, pero me entran náuseas al imaginarte pringoso, resbaladizo en tu cuna, y entre mis manos cuando te baño. Porque debo limpiarte con cuidado, que la herida del cordón aún anda tierna, dicen. Y yo, que solo pienso en tirarte de la pielcita esa y darle vueltas, enroscarla entre mis uñas y estirar, primero suave, pero luego con fuerza. Hasta arrancarte la costra, como una calcomanía, y se quedaría enganchada y yo tiraría más y más fuerte...

Porque debería sentir un halo de amor y solo me acuerdo de los abuelos víctimas de la ya no tan reciente soltería de su hija, abuelos que amenazan con la boca pequeña: egoístas de la maternidad ajena. Porque la suya les salió vomitiva ahora quieren redimirse contigo. Y conmigo. ¡Hijos de la gran cagada universal! ¡Tirad ya de la cadena y dejad que me escurra cañería abajo!

Dicen que esto dura muy poco, que mi deseo de arrancar el papel de las paredes a mordiscos irá aminorando a medida que nos vayamos conociendo. Puré de papel te haría con ese chisme que tus tías te compraron antes de nacer. Y te lo haría tragar de golpe, sin dejarte respirar, para que por una vez, una sola vez te callaras y me dejaras en paz.

Debería vestirme cuando vienen amigas, y hacerles café y ponerles las pastas y sonreír agradecida de los consejos que me dan, porque ellas ya lo son, a veces por duplicado e, incluso, por triplicado. Maldita bonoloto la que me tocó; sueldo esclavizador de por vida. Como si ellas ya tuvieran el master en maternidad y yo me acabara de matricular en la facultad. Cuando nunca pedí meterme en esa fritura picante, que me amarga las mañanas, las tardes, las noches, y las tardes y las noches… las noches… No hay bicarbonato para calmar esta quemazón que me arranca la piel de dentro de la garganta.

No debería gritarte ahora que me miras con esos ojos abiertos, suplicando ternura, pidiéndome que te bese o te diga palabrerías de catálogo de nubes. Yo te envolvía en una manta vieja, de las que más pican, de las que escuecen hasta el apéndice y te enroscaba en una caja de cartón. Pero ahora me miras con esos ojos abiertos y me sonríes enseñando las encías desnudas. Y me pides con las manitas espasmódicas que te acerque mi mejilla al ombligo. No lo hagas. Sabes que en el fondo soy débil, como una zanahoria hervida. Podrías pedirme cualquier cosa. Y no quiero. Podría enternecerme. Y no puedo. Podría llegar a quererte y olvidar todo este sufrimiento. Guardar por un momento este rencoroso victimismo en un cajón y cerrarlo con llave. Y, no. No quiero.